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Brascuba ZEDM 2021

A pocos metros del mar se levanta una de las fábricas más grandes que la industria cigarrera ha podido construir en Cuba. Puede diferenciarse fácilmente del resto de las que se encuentran en la Zona Especial de Desarrollo del Mariel, por su carácter sofisticado y el nivel de detalle en cada una de las edificaciones de esta fábrica de Brascuba.

Desde la ubicación hasta la tecnología: todos han sido desafíos a partir del día cero. Y quienes están al frente del impresionante proyecto, dan cuenta de algunos de los retos más enriquecedores en estos años de creación y pensamiento. Aun cuando solo se entrevistaron a algunos directivos, este esfuerzo cuenta con un gran equipo de trabajo integrado por cubanos y brasileños, con responsabilidades bien distribuidas y asumidas con compromiso y entrega.

“Hemos vivido momentos difíciles desde el principio. Encontramos un pozo de petróleo en nuestro terreno y tuvimos que hacer una evaluación ambiental para ver si había contaminación en las aguas que usaría la empresa”, recuerda Marcos Koshaka, director general del Proyecto Expansión, sobre los inicios. “Además, la inclinación de este terreno era de 12 metros por encima del nivel del mar y eso ocasionó que la construcción fuera muy complicada; tuvimos que hacer movimientos de tierra de casi 130 mil metros cúbicos de materiales”, continúa. Para este empresario brasileño, quien lleva 33 años con British American Tobacco (BAT), formar parte del equipo que levanta esta instalación ha significado un gran aprendizaje: nunca vivió un reto como este. “No existe un escenario como el de Cuba en temas de oportunidad y desafíos. Desde la disponibilidad de materias primas para una fábrica: todo tiene que venir de otros lugares. Por eso ha sido necesario usar mucho la creatividad y tener alternativas ante las dificultades y cambios”, comparte.

Hablar el mismo idioma

Otro escenario complejo ha sido la comunicación, considera Koshaka. “Trabajamos juntos cubanos, chinos, italianos, brasileños, alemanes y polacos. Se reúnen así seis idiomas y los traductores son imprescindibles”, cuenta. “Una reunión de 15 minutos demora dos horas, y más si se trata de una discusión técnica en la que cada quien defiende su opinión.

Pensar una fábrica

Entre los cubanos que lideran la creación de este emplazamiento, se encuentra Omar Muñoz, director del Proyecto Expansión, quien ha sido parte de importantes proyectos del país como la central electronuclear en Cienfuegos y la propia edificación de la fábrica de cigarrillos en Luyanó. “Pude diseñar, defender y ver cómo se haría este proyecto desde el principio. Significa mucho convertirlo en realidad y conseguir que crezca. Estamos en la recta final de la obra y hemos pasado por situaciones difíciles como tornados, huracanes, coronavirus, además de los problemas económicos que siempre afectan. Nos encontramos en un punto en el que no hay marcha atrás; estamos convencidos de que la obra va a salir”, apunta.

Fernando Jiménez, vicedirector del Proyecto Expansión, lleva 24 años en el mundo del cigarro y su proceso productivo. Recuerda que con un inmenso orgullo comenzó en el proyecto Expansión desde febrero del 2017; se trataba no solo de hacer cigarros sino de levantar una fábrica que se encargara de confeccionarlos. “Este proyecto ha traído muchos aprendizajes a mi vida; casi todo lo que he hecho es nuevo para mí. Han sido tres años completamente diferentes. Llegamos a un terreno que era solo tierra y ahora ya es una fábrica”,advierte. “A nivel internacional, —aclara—, podemos competir, incluso, desde el flujo productivo. Este particular se analizó con los expertos para no repetir problemas que han tenido otras instalaciones de su tipo en el mundo. Contamos con un proceso de hechura de hebra completamente nuevo y con un alto nivel de automatización. Será difícil ver una fábrica de cigarros con tanto nivel en Cuba y en esta región de América”.